Club social cannabis

Los clubes sociales de cannabis, en el limbo administrativo.

Erradicar el mercado negro y establecer una regulación específica que acabe con la inseguridad jurídica a la que están sujetos los clubes sociales (o de fumadores) de cannabis y sus usuarios, se ha convertido en una realidad social.

La asociación Alacannabis, colectivo formado por casi un centenar de personas que defiende el uso de esta sustancia para una finalidad lúdica o terapéutica, repite estos dos principios como si de un mantra se tratara. «Defendemos el consumo responsable y la posibilidad de cultivar y distribuir derivados de esta sustancia en circuitos cerrados», señala su presidente, Antonio Moreno. «Te multan por llevar encima una cantidad muy pequeña de marihuana para consumo propio, pero no lo hacen si vas borracho y con una cerveza en la mano» añade.

El eterno debate de la legalización del cannabis -considerada una droga blanda- se ha vuelto a poner sobre la mesa ahora por la intención de EU de elevar al pleno del Ayuntamiento de Alicante una propuesta para regular la situación de hasta al menos cuatro clubes sociales que existen en Alicante, iniciativa pionera en la Comunidad Valenciana, según destacan sus impulsores. La ordenanza contemplaría cuestiones como la distancia entre estos clubes con los centros educativos, las medidas higiénicas y de seguridad que deberían primar en ellos, así como un código de buenas prácticas entre sus socios, que deben renunciar a promover el consumo entre menores. «Hasta ahora nos estamos autorregulando con normas redactadas por la Federación de Asociaciones Canábicas (FAC) pero lo que pedimos es una normativa oficial a la que poder acogernos, para lo bueno y para lo malo», afirma el portavoz del colectivo, Ricardo Guerrero.

Alacannabis ha marcado sus propias reglas para acceder al colectivo. La premisa fundamental es la mayoría de edad (el socio más joven tiene 21 años), estar empadronado en la provincia y la entrada en la asociación de la mano de un padrino (socio más antiguo que avale la entrada de otro). «Aquí no se trata de fiscalizar la vida de nadie, pero el que entra en la asociación debe acatar unas normas y comprometerse a cumplirlas para no poner en tela de juicio al resto de asociados», señala Moreno.

El tráfico de marihuana no tiene cabida en este, ni en ninguno de los clubes sociales de la ciudad. A modo de cooperativa, la asociación cuenta con un cultivo de esta sustancia de cuya gestión se encarga una persona contratada para ello y que abastece a medio centenar de asociados. También hay restricciones en el consumo, no más de dos gramos diarios, tanto para el ámbito lúdico como terapéutico. Y es que hasta la asociación acuden muchas personas con una dolencia física (cáncer, glaucoma, esclerosis múltiple) que encuentran en la marihuana la mejor medicina para paliar sus dolores pero se ven obligados a acudir al mercado negro para obtenerla. «No entendemos que un médico pueda sugerir el consumo de esta sustancia para mejorar la calidad de vida de su paciente pero no exista un canal legal para adquirirla», apunta el presidente del colectivo.

Al margen del consumo, y como parte del programa de actividades de la asociación, el colectivo apuesta por las charlas informativas, los foros-debate o talleres para establecer un consumo responsable.

Noticia original: El Mundo.

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